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LA TORRE DE BABEL Y EL DOCTOR FOX

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Según cuenta la Biblia, en el Génesis específicamente, se les ocurrió  a los hombres construir una torre que alcanzara hasta el cielo mismo. Yahveh decidió— castigar su vanidad e hizo que comenzaran a hablar diversas lenguas. El resultado final fue la confusión  más completa, la incomprensión generalizada. Los hombres se dispersaron y olvidaron su ambicioso proyecto arquitectónico.

Al parecer, Yahveh suponía que los hombres no se enredarían en problemas en tanto hablaran una sola lengua. Se trata de una creencia de dudoso fundamento. Sobran ejemplos para mostrar que hablando una sola lengua, una comunidad se enfrasca en problemas tan incisivos como los que resultarían, aparentemente, de la diversidad de lenguas.

Quien sabe mucho sobre el particular es el Doctor Fox. Tal es el nombre de un actor de apariencia distinguida y creíble, al que se le inventa una biografía muy impresionante y que ofrece una conferencia sobre un tema del que no tiene ni la menor idea. Ciertamente, se trata de un experimento. La conferencia en cuestión –con el título de La teoría matemática del juego y su aplicación a la educación medica- fue dictada tres veces a diferentes grupos formados por trabajadores sociales, psicólogos, psiquiatras, educadores y administradores. Desde el punto de vista del contenido, el asunto estaba atravesado de palabras carentes de sentido, afirmaciones contradictorias, referencias sin base, y una variedad de sofismas. Los auditorios respondieron a un cuestionario posterior y, sin excepción, juzgaron lo que escucharon como algo entendible y estimulante y, por tanto, nadie advirtió el engaño.

A partir de este evento, cuyos detalles están contenidos en el artículo La Conferencia del Doctor Fox: un Paradigma de Seducción Educativa (1973), los autores acusaron la Hipótesis Fox. Sostiene que, en el evento de dictar una conferencia, si tenemos la posibilidad de elegir entre usar un lenguaje claro y utilizar una jerga técnica incomprensible, más vale decidirse por esta última. Indefectiblemente, la conferencia abstrusa ser‡ mejor calificada. Por razones que es necesario explorar e identificar, la oscuridad expresiva es tomada como signo de profundidad e incrementa sistemáticamente el prestigio del autor. La Hipótesis Fox incluye también la afirmación más específica de que, en los ámbitos académicos, las revistas especializadas que contienen artículos ininteligibles, disfrutan de mayor prestigio. En 1980, el profesor estadounidense Scott Armstrong sometió a prueba la Hipótesis Fox estudiando los contenidos de sucesivos números de 10 revistas especializadas dedicadas a la gestión y la administración. Comprobó que había una relación directa entre la mayor dificultad de lectura del promedio de los artículos y el prestigio de las revistas. Armstrong se suma a la sugerencia de que la falta de claridad es particularmente útil cuando el contenido es pobre.

A mayor abundamiento, un estudio de investigadores británicos, publicado en 2004, examinó 30 artículos de revistas científicas (física, química, biología, matemáticas), 30 artículos de ciencias sociales y 30 artículos del área de humanidades. Los resultados dan cuenta del hecho que los artículos científicos del primer grupo se caracterizan por ser de menor extensión, son más fáciles de leer y se construyen habitualmente con frases cortas. Todo lo contrario de lo que ocurre en los artículos de ciencias sociales y humanidades. En estos últimos ámbitos no se hace mucho caso de las recomendaciones de eliminar las palabras innecesarias (habitualmente, adverbios y adjetivos), sustituir las palabras difíciles por otras de fácil comprensión y dividir en dos las sentencias demasiado largas.

Cuando Yahveh decidió  confundir a los hombres dándoles diversas lenguas, no pudo tener en cuenta el mundo académico puesto que las instituciones universitarias todavía no aparecían. De haberlas tenido a mano, no le habría sido necesario inventar otras lenguas. Le habría bastado con una sola. Lo cual revela que Yahveh era un ingenuo, al menos en materia linguistica. Y tampoco era tan poderoso, puesto que pudo haber sospechado que los hombres iban a inventar muchísimas versiones del doctor Fox e iban a terminar enredándose de todas maneras.

 

Por Edison Otero

 

 

imágen: Torre de Babel de Brueghel.