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GRAN CIERRE DE FESTIVAL INTERNACIONAL POR CHILOÈ

Un viaje al profundo del imaginario teatral deja su estela en los escenarios de las islas chilotas y una experiencia vivida en los corazones y vivencias culturales de cientos de vecinos de Quellòn, Queilen, Castro, y un sin fin de lugares donde el teatro no es una presencia constante.

La Gran aventura comenzó hace diez días. Una vez más la isla grande de Chiloé abrió sus cielos, su tierra, sus nalcas y sus mares, vistiéndose de colores abriendo el telón a las funciones de teatro, comenzó el 27 de Agosto la 6ta versión del FITICH Festival Internacional por Chiloé Profundo. Durante diez días la magia de la isla se unió a la magia del teatro, esta versión dedicada a los titiriteros argentinos se vivió cargada de colores y de sueños.
Con los títeres se volvió a las cosas simples, cada montaje contó historias llenas de mensajes, “Doña Sonia Dora La Tejedora con su intérprete Valeria Fidel recordó que la vida está para cumplir los sueños, que no debemos tener miedo, que las arañas simplemente pueden ahuyentarse con una canción de cuna. Federico personaje de la compañía Jaguá Pirú buscó a su perro aprendiendo que los buenos amigos siempre vuelven a encontrarse. Marcela Ohienart deleitó con su gran manejo de la técnica, asiéndose cargo en la función no sólo los títeres con sus distintos personajes y voces sino que también con la música incidental y las luces, narrando la historia de Pepe el marinero. La compañía Saltimbanqui divirtió hasta las lágrimas con sus títeres a tamaño humano enseñando la importancia de compartir y disfrutar el trabajo. Jorge Miceli entregó su experiencia con más de treinta años de carrera como titiritero, narrando con poesía en sus dos montajes “Por Una Flor La Media Flor”, y el “Payaso y el Pan”, montaje para adultos, con lo que se logró capturar otro tipo de público en resto bares de Castro, ya que se trataba de un montaje para adultos. Con esta idea de llegar a todo tipo de público el festival contó con director brasileño, el cual capacitó con talleres de la historia del teatro, Albemar Araujo fue la apuesta de FITICH para enriquecer el festival como una instancia educativa, a través de las prácticas lúdicas. De esta manera los actores debieron vivir su propia aventura extrema, su propia historia de títeres, cobijados por el clima de la isla, las lanchas, el mar, la lluvia, generándose el intercambio cultural, los encuentros y la formación a través de las artes escénicas.
Esta versión estuvo sólida en cuanto a la captación de público, se pudo realizar un buena gestión, la formación de audiencia, uno de los principales objetivos del festival, pudo cumplirse ya que se gestionaron funciones con colegios y centros culturales, de las comunas de Castro, Quellón y Queilen, con esto se aseguró que en algunas funciones como el Cetro Cultural de Quellón se contara con una exitosa convocatoria de alrededor de 400 personas, así como escuelas y colegios que congregaron a toda su comunidad. El carácter didáctico de los títeres permitió que todas las compañías no sólo realizaran la función sino que culminaran con atractivos e instructivos talleres develando los secretos detrás del escenario, con lo que el público pudo sentir la cercanía con el espectáculo rompiendo la barrera del artista lejano, fortaleciendo la idea del arte como instancia de apertura de mentes y corazones. Damos gracias a todos los auspiciadores que creyeron en este proyecto esperando poder continuar con la 7ta versión en verano llegando a más lugares donde todavía la magia de los locos, los colores de las telas y la imaginación hecha realidad, no han podido llegar.
Jorge Miceli escribió una pequeña crónica que habla de lo más profundo que el festival trae consigo:
¿Qué habràn sentido las primeras personas que llegaron a este lugar? No me refiero a los primeros habitantes, no. Me estoy refiriendo a los extranjeros, a los bárbaros.
Tal vez quedaron tal maravillados como nosotros cuando comenzamos la excursión titiritera.
-¡Vamos a Chelín!- nos dijo Gabriela Recabarren, directora de Capa Negra su Compañì teatral y productora de FITICH; una especie de mujer mitológica que alguna vez aparece cubierta con una negra capa y otras con una peluca con “cachos de bisonte”, parapetada tras inefables megáfonos que anuncian la llegada del teatro a los lugares más recónditos.
Y allá partimos. Antes de abordar una lancha de la sanidad de Castro, pudimos ver la infructuosa tarea de cuatro pescadores, que tras arrojar y recoger laboriosamente una red, solo capturaron una botella de vidrio que dejaron cuidadosamente en la orilla.
Un día después, no recuerdo mucho más, la borrachera que produce ver toda esta belleza, nos retrotrae, inevitablemente, a aquel relato de Galeano cuando un niño ve por primera vez el mar y le pide a su padre “ayúdame a mirar”.
Llegamos a la escuela donde los niños nos recibieron alborozados al grito de: “!llegó la Sra. de los cachos!” lo que para ellos, evidentemente, era sinónimo de espectáculo teatral.
Otra fiesta, la Directora de la escuela, Astrid, anfitriona ejemplar nos homenajeó con un plato exquisito: arroz con carne de cerdo mientras nos contaba su amor por la escuela, por los niños y su dolor por cuestiones que la acongojaban.
La función de Marcela….MARAVILLOSA……los niños (poco más de veinte) disfrutaron de las aventuras de Pepe y Marina y aplaudieron a rabiar rubricando así el beso final de los protagonistas. Inmediatamente transcurrió un taller de sombras que comenzó Marcela y culminaron Gabriela y Estela.
No muy lejos, y por los ventanales de la escuela, se veía el mar, apacible, quieto, como aguardando el final de esta jornada.
Jornada que continuó con nuestra visita a un cementerio tan particular, como las iglesias y las casas de los habitantes de este increíble país que se llama Chiloé.
¿Qué no es un país?
¿Quién lo dice?
Esa noche hubo fiesta. Era el cumpleaños de Eduardo. En realidad la fiesta había comenzado cuando Gabriela, la noche anterior, nos dijo:
¡”MAÑANA VAMOS A CHELIN”!