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A UN CLIC DE DISTANCIA

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El terremoto de febrero de 2010 dejó no sólo daños materiales. En educación,  fueron arrasadas nuestras escuelas y liceos, y con ello la posibilidad de acudir a dictar o recibir clases, con todas las actividades que ello comprende. Se derrumbó, en consecuencia, nuestra posibilidad de implementar el modelo educativo en que sustentamos el aprendizaje y la enseñanza. Algunas interrogantes emergen a propósito de aquello: ¿Efectivamente nos quedamos sin posibilidad de impartir educación? ¿Existe otra forma de hacerlo? ¿Hemos avanzado en ella? ¿Cómo habrían aportado las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC´S) a esta situación de emergencia?

 

La incorporación de estas tecnologías en la educación formal de nuestro país no es un tema nuevo. Baste con afirmar que existen desde hace algún tiempo los componentes operacionales que hacen posible su integración en el currículo escolar, y una cantidad considerable de experiencias exitosas en varias partes el mundo. Sin embargo, no es el propósito de esta nota ahondar en un tema que tarde o temprano tendrá que enfilarse hacia su destino, vale decir, incorporar las TIC’S a las escuelas y liceos del país en todos sus niveles, dimensiones y formas; tal como ha ocurrido en otros sistemas educativos formales. Lo que las instituciones se demoren en aquello será la experiencia ganada y el aseguramiento de la calidad del futuro, ya que estamos ante un proceso irreversible.

 

NO ES CIENCIA FICCIÓN

De momento, imaginemos cómo sería concretamente, en el contexto del último terremoto, la situación de un estudiante en cuyo entorno formativo las TIC’S han sido incorporadas al Proyecto Educativo Institucional, a la propuesta curricular del establecimiento, y están perfectamente integradas a los planes y programa de estudios de los diferentes subsectores hace ya algunos años.

 

En ese contexto, nuestro estudiante sabe que parte de su plan de estudio está alojado en una plataforma virtual, a la que accede con un nombre de usuario y contraseña desde cualquier computador conectado a Internet. En un año normal, esto habitualmente ocurre desde su sala de computación, luego de haberse encontrado con sus amigos, compañeros, profesores, y haber organizado el programa de estudio; actividad que culmina habitualmente con un programa de trabajo que especifica las actividades presenciales y no presenciales que deberá desarrollar en los diferentes subsectores.

 

No siendo este un año normal, lo que no debe haber cambiado es la forma en que deberá comenzar con sus actividades académicas.  De manera que apenas la conectividad se lo permitió, se conectó a Internet, ingresó a su correo electrónico, donde encontró una invitación a iniciar su año  escolar con instrucciones que le indicaban que, al igual que años anteriores, debía rendir sus pruebas de diagnóstico en línea. Nuestro estudiante, no muy convencido pero con ganas de normalizar su vida, comienza a trabajar, no sin antes intentar saber qué destino tuvieron sus amigos, compañeros y profesores, o noticias sobre su escuela o liceo. Los años de uso del aula virtual de su escuela lo han hecho diestro en el manejo de sus funcionalidades. Visita los espacios sociales del aula virtual tantas veces utilizados para chatear, bajar información, preparar trabajos, tomar acuerdos, jugar, mostrar a sus amigos de la red mundial sus descubrimientos en música, videos, video juegos, etc. Busca insistentemente en la cafetería virtual el diario mural; algún recado, información, alguien conectado(a), cualquier cosa….pregunta e informa a quienes quieran saber sobre su estado, vincula a twitter, a facebook y a otros sitios favoritos para informarse e informar. Comienzan a aparecer sus compañeros(as), y con ello una necesidad de ir a su encuentro y darles un enorme abrazo.

 

Nuestro estudiante tenía una tarea: responder en línea sus pruebas de diagnóstico.  A medida que lo hace, el sistema le indica inmediatamente sus resultados, la retroalimentación correspondiente y los pasos a seguir para su reforzamiento, también el sistema le recomienda realizar la prueba en tres intentos permitidos. Al tercer intento le ha  quedado suficientemente claro qué materias necesitaba reforzar, al igual que años anteriores, deberá revisar su portafolio virtual, donde seguramente sus profesores habrán dejado las tareas correspondientes a los contenidos que debe reforzar, y una nueva evaluación para que verifique sus progresos. Pero se cortó la luz e Internet ha desaparecido. Con la batería intentará seguir un rato más…….

 

Al día siguiente, se entera por radio que será reforzada la conectividad en su región ya que se dará inicio al año escolar en su versión virtual. También se anuncia la llegada de los equipos e insumos necesarios para que los estudiantes que estén en condiciones de hacerlo ingresen a las aulas virtuales de sus establecimientos y desarrollen las actividades que allí se especifican. Junto con ello, llegarán voluntarios, estudiantes de pedagogía, psicólogos y profesores que han aceptado cumplir sus horas de servicio en las zonas devastadas y que les brindarán los apoyos necesarios.

 

Bueno, como si nada, nos hemos montado una escuela de campaña en la que nuestros estudiantes han podido iniciar sus actividades lectivas. Por cierto nuestro relato continúa y queda abierto.  Lo cierto es que no creemos estar haciendo ciencia ficción. Toda vez que hablamos del segmento de la población que más utiliza la telefonía celular e Internet. Una generación que está convocada a participar de la era digital y que seguramente forma parte de los usuarios habituales de los 1000 millones de dispositivos conectados a Internet en el mundo para buscar, crear, diseñar, mezclar, consumir y/o compartir una variedad de archivos, programas y fuentes.

 

¿POR QUÉ E-LEARNING AHORA EN LA ESCUELA?

 

Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones han transformado importantes ámbitos de nuestra vida: el trabajo, la forma en que participamos en nuestra sociedad, nuestra relación con los servicios y, naturalmente, la educación, aunque en este espacio aún nos encontremos, en general,  en una etapa periférica de la incorporación de las TIC’S al proceso de enseñanza y aprendizaje. Nuestras escuelas se han adaptado a este influjo, realizando algunos ajustes, introduciendo la alfabetización digital y, paulatinamente, adaptando las TIC’S, sobre todo como fuentes de información y proveedoras de material didáctico. Este escenario, sin bien insuficiente, permitirá en un futuro, ojalá próximo, dar un paso más hacia la introducción de nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje en la práctica docente, hasta llegar a una reestructuración profunda del establecimiento en todas sus dimensiones, especialmente la curricular.

 

Ver con lujo de detalles, el desarrollo de un embrión desde que es gestado hasta sus últimas etapas, conocer cómo es la vida cotidiana en la Estación Espacial Internacional de boca de sus propios tripulantes, realizar una visita a las profundidades del mar y de la tierra para descubrir el origen de los terremotos, etc., constituyen experiencias de aprendizaje que darán origen a procesos cognitivos, afectivos y sociales potencialmente más complejos y ricos que la exposición a otras modalidades de enseñanza. Será necesario, entonces, revisar nuestra gestión pedagógica desde sus propósitos, hasta la forma en que facilitamos estos procesos, a objeto de  favorecer la calidad y pertinencia de los aprendizajes, no sólo como una decisión del docente, sino como una política institucional.

 

Un nuevo mundo lleno de oportunidades se abre ante las sociedades e instituciones. Hoy, el conocimiento y la cultura del planeta están “a un clic de distancia”. Por lo tanto, no podemos pretender que las instituciones educacionales permanezcan ajenas a esta realidad. Porque el riesgo es que siga emergiendo una nueva versión de inequidad social, producto de la brecha digital, que ya tiene forma en nuestro propio país.

 

En consecuencia, para los responsables de dirigir las comunidades educativas que conforman la educación pública del país, el desafío en este ámbito es poner a disposición, no sólo las tecnologías, sino las oportunidades de formación, las políticas, los modelos de gestión y los recursos que permitan a sus miembros desenvolverse como sujetos habilitados en el uso, no sólo de los medios tecnológicos, sino de las competencias requeridas para su instrumentalización, beneficiándose así del acceso a la información, del conocimiento generado a partir de ella, y participando de las redes sociales  que agenciarán en el futuro, los principales cambios en nuestras sociedades.

María Cristina Fariña.

crstna17@gmail.com