¿Que sabe ud. del flamenco?

¿Qué sabe usted del flamenco en Chile?

Cuando pueda, usted, que gusta de este arte, dese un tiempo para averiguar qué hay de él en nuestro país. Tal vez se lleve más de una sorpresa.

Si a usted le gusta el flamenco, tal vez se habrá dado cuenta de que esta expresión artística cobra actualidad casi exclusivamente cuando viene alguna compañía desde España, generalmente a precios carísimos para el espectador, como si en Chile no tuviéramos todo un movimiento, muchos cultores y una actividad que debido a esta preferencia que hay en nuestro país por todo lo que venga de fuera, rara vez cuenta con canales de difusión válidos y debe conformarse con el boca a boca o con Internet para dar a conocer sus actividades.

Es todavía muy fuerte el prejuicio que lleva a la masa a afirmar que el flamenco solo puede ser abordado por españoles, pero no de cualquier parte de España sino andaluces. No existe aquí este problema para ninguna otra forma de arte musical y la prueba es que si hablamos de jazz, nadie pone peros cuando se trata de un grupo chileno; si hablamos de rock, mucho menos; si el tema es música “clásica”, a nadie se le ocurre cuestionar que un señor toque Beethoven si no nació en Alemania, y numerosos grupos chilenos hacen tango  con el beneplácito de los aficionados, y hasta un día del reggae chileno se celebró por ahí y a nadie le pareció fuera de contexto, pero si decimos flamenco, entonces surge todo tipo de apreciaciones previas que no son sino producto de ciertas mitificaciones hoy completamente fuera de lugar y de tiempo. Como creer que esta expresión es patrimonio de los gitanos y que si usted no lo es tiene que olvidarse del flamenco. Ignoran esas personas que el flamenco no es necesariamente cosa de todos los gitanos del mundo sino de un grupo exclusivo que son los gitanos andaluces –porque los del resto del mundo ni siquiera lo conocen- y ni de esos gitanos es el flamenco, que como producto no es químicamente puro toda vez que se trata del resultado de una fusión de elementos en que lo gitano es aproximadamente un 20%, como es otro 20% la cultura árabe (que muchos creen pilar fundamental de la estética flamenca), compartiendo el resto con la música sefaradí, el folclore andaluz y la música bizantina adoptada por la iglesia católica en los tiempos en que el flamenco nacía como expresión.

JAPONESES FLAMENCOS

Resulta, entonces, complicado hacer que estas ideas, concebidas casi siempre sin más base que el completo desconocimiento del tema, cedan terreno para que a los que hacemos flamenco en Chile o en muchas partes del mundo ya no se nos mire como a seres extraños, casi sospechosos.

Dije en Chile y en muchas partes del mundo, pero no dije en todo el mundo, porque en Europa a nadie le parece extraño que un alemán, un inglés, un egipcio y, con mayor razón, un japonés haga flamenco, porque (tal vez esto no se lo imagine usted, lector)  el país con mayor actividad y consumo de flamenco fuera de España es hoy Japón.

Y si al principio (comienzos de los 80) esto parecía bastante extraño y muchas veces irrisorio –me consta porque yo estudié en España en ese tiempo y fui testigo presencial de los inicios de la avalancha japonesa en el flamenco- lo cierto es que en la actualidad ya hay artistas flamencos japoneses en los principales festivales de España… Aunque usted no lo crea.

EVOLUCIÓN Y NUEVOS ÍDOLOS

Pero veamos, ¿qué  se sabe del flamenco en Chile? Aquí, desde el taxista al ejecutivo, del gerente de un banco al junior de la oficina, saben que existe un guitarrista llamado Paco de Lucía que toca descomunalmente bien. Puede que no sepan qué música es la que interpreta, pero saben cuál es su instrumento, que es español y que ha estado en este país. Los que consumen más cultura ya conocen a Cristina Hoyos, a Sara Baras y a Eva Yerbabuena, y algunos, incluso, saben de Camarón de la Isla. Los más aficionados ubican bien a la Niña Pastori, a Ketama, Azúcar Moreno, Chambao y a otros que han utilizado el flamenco como ingrediente de sus propuestas. Y ya es cosa de iniciados saber que el flamenco ha experimentado en las últimas dos décadas una evolución impresionante en casi todos sus aspectos y que ha llegado al ámbito sinfónico con Manolo Sanlúcar, se ha ido a coquetear con el jazz hasta lo insólito con Jorge Pardo, Carles Benavent, Tino Di Geraldo, Gerónimo Maya o Raimundo Amador, y que el piano ha alcanzado rango de instrumento flamenco en manos de Dorantes, Chano Domínguez, Enrique Amador o Javier Coble. El rap y el break se han ido de copas con el flamenco en la propuesta del jerezano “Tomasito” y el violín también está ahora casi de moda y lo mismo el saxo, la flauta y toda una amplia gama de instrumentos de percusión, corriente que se inició cuando Paco de Lucía introdujo el cajón peruano en 1980, artefacto que ha llegado a tal nivel de perfeccionamiento en este arte, que ya se habla del “cajón flamenco” y no del peruano, porque las diferencias entre uno y otro son enormes.

En al ámbito del baile, la destreza técnica de Sara Baras, las inspiradas locuras de Antonio Canales y el talento creativo de Eva Yerbabuena parecen haber derribado varias veces los límites imaginables, o al menos los que habían puesto Antonio Gades y Cristina Hoyos, y desde hace unos años el sevillano Israel Galván baila (de un modo entre robótico y karateka) un flamenco que encanta a muchísima gente (tal vez el baile flamenco del 2050) y se ha llevado cuanto premio existe.

En el terreno del cante (en el argot flamenco decimos cante y no canto), los seguidores e imitadores de Camarón siguen allí, aunque uno de los más conspicuos, Diego “El Cigala”, encontró una veta inexplorada y muy rentable cuando grabó “Lágrimas Negras” con Bebo Valdés y otros monstruos cubanos de la música y desde entonces es poco el flamenco que canta, pareciendo preferir el bolero como forma musical.

Estrella Morente, otra de las grandes voces jóvenes, ha incursionado también en terrenos extra flamencos y ha grabado boleros y tangos, lo que no es raro si pensamos que su famosísimo padre, Enrique Morente, uno de los cantaores más audaces, revolucionarios y creativos de la historia, se ha atrevido a cantar textos de San Juan de la Cruz o Leonard Cohen junto a un grupo rock llamado “Lagartija Nick” y aquello sigue sonando a flamenco.

La estela de Camarón sigue vigente pero, sin duda, el rey Midas de la actualidad es el catalán Miguel Poveda, un joven capaz de cantar dos horas seguidas, hacer cuatro bis y no perder un gramo de voz, de musicalidad y de jerarquía artística. Lo vi en Córdoba hace unos años y quedé con la certeza de no haber escuchado nada igual en treinta años de flamenco.

Y en la guitarra, está  claro que el que puede suceder a Paco de Lucía en fama y muchas otras cosas es el cordobés Vicente Amigo, ídolo mundial sin contrapeso y me atrevería a decir que creador de una nueva manera de tocar que los jóvenes del mundo entero siguen y cultivan con verdadera devoción. Las generaciones posteriores a Vicente (hoy con apenas 42 años) nos deslumbran con una técnica fuera de lo normal y unos conceptos musicales que también parecen arrebatados al futuro. Esos muchachitos hacen unos discos increíbles con 23 ó 25 años, ganan premios (sí, dinero también) y recorren el mundo haciéndose aplaudir de pie por públicos que no logran entender cómo es posible tocar así. José Manuel León, Antonio Rey, Santiago Lara, anote estos nombres que volverá a oír hablar de ellos. Y entre los tres no suman 100 años.

¿Paco? No, Paco se cansó de viajar y por aquí ya no volverá. Cada vez sale menos. Pero siempre será el más grande.

Y cuando pueda, usted, que gusta del flamenco, dese un tiempo para averiguar qué hay aquí en Chile. Tal vez se lleve más de una sorpresa.